Las noches y los días

Recuerdas la noche y el día en que perdiste el tiempo. Ese fue el último aliento que recuerdo. Ese recuerdo de hace tanto, tanto, tanto.

Era un tiempo melancólico, era un tiempo que se ha guardado como un recuerdo, que se ha clavado por que no era sino un no tiempo.

Ese recuerdo no era más que un sin tiempo, porque no hacía nada, no tenía nada más que perder el tiempo que tenía, en lugar de dedicarlo a aprender. Pero en aquel tiempo no entendía la necesidad de aprender, no entendía para que podía servir aprender... Mientras que ahora lo que ocurre es que solo son escusas, ahora he aprendido a mentir al que está por encima, al que supuéstamente lleva el control, he aprendido a darle un calmante para que no piense, porque si piensa demasiado se dará cuenta de que no tiene el control y eso es peligroso.

Ver que realmente no tiene el control le podría suponer que se pusiera a pensar en lo que significa tener realmente el control, en lo que se puede o no hacer y en buscar de nuevo los límites y los pensamientos antiguos.

Esos que le valieron oro al tiempo, esos que pueden hacer que el tiempo cambie de signo o incluso pueden dar sentido a una vida de sinsentidos.

Porque, pensar es peligroso, casi tan peligroso como actuar, porque volver a pensar y volver ser pensamiento puede significar una serie de acciones que pueden no ser realmente esperadas o deseadas por lo que todo el mundo espera.

A veces lo inesperado por ser inesperado es lo único que se puede hacer.

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