Vida verde...
En algún momento de mi vida me sedujeron con la idea de un mundo reciclado, un mundo en el que todo era posible reciclarlo, un mundo en donde el cartón, el papel... Todo era verde.
Era un mundo hermoso, en el que lo importante era hacer crecer a la naturaleza, en el que el plantar una judía y verla crecer era lo más hermoso del mundo, en el que conseguir mil kilos de cartón era una proeza, en el que lo verde era lo bueno...
En ese mundo la ropa era de tejidos naturales no contaminantes, los alimentos eran ecológicos, y todo era sano, hasta el trabajo en las fábricas era bueno para el humano... En este mundo todos tenían acceso a energías renovables, a aguas limpias y alimentos sanos.
Que bello mundo, que lástima que pronto me di cuenta de los peros, de lo que realmente costaba todo eso, de lo que valía un metro de esa tela ecológica, y lo que costaba ese mundo verde, lo que costaba un kilo de alimento verde o un kilowatio de energía verde...
Tanta cosa verde, pero el negocio lo habíamos puesto en otro lado, el negocio estaba en el oro, el petroleo y en la propiedad, habíamos puesto el valor en el intermediario, el valor no era la cosa sino el deseo de la cosa, el querer poseerla. Ese era el valor de las cosas.
El problema de lo verde es que era muy caro frente a lo blanco, a lo otro, frente a la producción industrial, frente al maquinaria que producía cien mil latas en el tiempo que se producía una lata verde..
Y es el tiempo el otro valor, porque como dice un conocido mío, ese tiempo es lo único que nos queda, y ese tiempo que dedicamos a elegir es un tiempo que nuestro cerebro reptil quiere para otras cosas....
Es el hombre mismo el que prefiere asumir el riesgo de un mundo contaminado y de aire irrespirable, es el mismo hombre que por la mañana se toma un te verde para estar más sano mientras sigue dejando que los ríos se vuelvan negros, o deja que exploten centrales nucleares.
El hombre no es verde tampoco, el hombre es cómodo y holgazán, le gusta abrir la nevera y tomar lo primero que pilla... Por eso el mundo verde no puede triunfar, porque aún me levanto por la mañana y veo el sol y salgo de la ciudad y veo algo de verde, y con eso estoy feliz.
Mi vida cambiaría si de pronto al abrir el grifo no saliera el agua, o si de pronto lo verde se volviera marrón y se muriera, pero no hay problema, podemos irnos a Marte y pensar que allí lo haremos diferente...
Sin embargo si no somos conscientes de las cosas y somos capaces de arreglar este planeta difícilmente seremos capaces de hacer algo diferente o medianamente decente allí.
Tenemos alimentos para todos, agua para todos, tenemos la forma de construir hogares para todos... Falta lo más importante, la voluntad...
Era un mundo hermoso, en el que lo importante era hacer crecer a la naturaleza, en el que el plantar una judía y verla crecer era lo más hermoso del mundo, en el que conseguir mil kilos de cartón era una proeza, en el que lo verde era lo bueno...
En ese mundo la ropa era de tejidos naturales no contaminantes, los alimentos eran ecológicos, y todo era sano, hasta el trabajo en las fábricas era bueno para el humano... En este mundo todos tenían acceso a energías renovables, a aguas limpias y alimentos sanos.
Que bello mundo, que lástima que pronto me di cuenta de los peros, de lo que realmente costaba todo eso, de lo que valía un metro de esa tela ecológica, y lo que costaba ese mundo verde, lo que costaba un kilo de alimento verde o un kilowatio de energía verde...
Tanta cosa verde, pero el negocio lo habíamos puesto en otro lado, el negocio estaba en el oro, el petroleo y en la propiedad, habíamos puesto el valor en el intermediario, el valor no era la cosa sino el deseo de la cosa, el querer poseerla. Ese era el valor de las cosas.
El problema de lo verde es que era muy caro frente a lo blanco, a lo otro, frente a la producción industrial, frente al maquinaria que producía cien mil latas en el tiempo que se producía una lata verde..
Y es el tiempo el otro valor, porque como dice un conocido mío, ese tiempo es lo único que nos queda, y ese tiempo que dedicamos a elegir es un tiempo que nuestro cerebro reptil quiere para otras cosas....
Es el hombre mismo el que prefiere asumir el riesgo de un mundo contaminado y de aire irrespirable, es el mismo hombre que por la mañana se toma un te verde para estar más sano mientras sigue dejando que los ríos se vuelvan negros, o deja que exploten centrales nucleares.
El hombre no es verde tampoco, el hombre es cómodo y holgazán, le gusta abrir la nevera y tomar lo primero que pilla... Por eso el mundo verde no puede triunfar, porque aún me levanto por la mañana y veo el sol y salgo de la ciudad y veo algo de verde, y con eso estoy feliz.
Mi vida cambiaría si de pronto al abrir el grifo no saliera el agua, o si de pronto lo verde se volviera marrón y se muriera, pero no hay problema, podemos irnos a Marte y pensar que allí lo haremos diferente...
Sin embargo si no somos conscientes de las cosas y somos capaces de arreglar este planeta difícilmente seremos capaces de hacer algo diferente o medianamente decente allí.
Tenemos alimentos para todos, agua para todos, tenemos la forma de construir hogares para todos... Falta lo más importante, la voluntad...
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