La guerra del coronavirus (18 de agosto de 2020)
Dicen, dicen, dicen ahora y se juntan en la plaza de Colón que no hay que usar mascarillas, que todo es un engaño, que es una gran trama... Es que no han tenido bastantes muertos, bastantes ingresados en los hospitales, y enfermos que tardan mucho en recuperarse.
Dicen los mismos que donde están los enfermos de la gripe de todos los años, que nos estamos equivocando con las estadísticas y que en el saco del coronavirus están los de la gripe común, seamos serios, si todos llevamos mascarillas y la movilidad ha estado limitada, la gripe estacional tampoco ha tenido recorrido, si lo hacemos bien no tenemos por qué sufrir ni la gripe estacional ni el coronavirus, o al menos podemos limitar su propagación.
Si, ahora si que estoy convencido de que estamos en guerra, estamos en una guerra que vamos perdiendo, la vamos perdiendo pero a la vez la vamos ganando... El virus está, está en todas partes, hay que empezar a hacerse a la idea, este maldito es resistente, aguanta mucho, primero en el aire, aunque no nos quieren asustar pero si aguanta volando, dando vueltas, es un maldito que luego cae a las superficies, y aguanta, si aguanta, y no nos quieren decir cuanto pero aguanta.
Es un maldito, y está en las calles, en los bancos, en el metro... uff el metro, los autobuses, los aviones, los sitios cerrados... Es una guerra, una guerra que empieza a volver a torcerse...
No lo ves: vuelve a haber muchos asintomáticos, que van y vienen, que consumen en los bares, en los restaurantes, tocan la fruta, la carne, las latas, la ropa... y nosotros luego lo vamos tocando, nos cruzamos con ellos y respiramos su aire, y cuantos más hay más impactos recibimos...
Impactos, si, más ejércitos enemigos entran a nuestro cuerpo, un cuerpo que ha sobrevivido a cientos de miles de años de ataques de virus, nuestro sistema inmunológico no es tonto, no es una basura, al revés, es un sistema cuasi perfecto, un sistema que es capaz de acabar casi con cualquier virus si le damos suficiente tiempo...
Impactos, encuentros, bombardeos... Nos van cayendo por la calle, en el centro de trabajo, al cruzarte con el vecino o al comprar en la tienda, es un maldito enemigo invisible, y lo tienes por todos lados, aunque le eches la culpa a la noche, a un bar o las cenas familiares...
Tienes que reducir los impactos, alargarlos en el tiempo, no te puedes permitir que te lluevan varios tipos distintos en un corto periodo de tiempo, no te lo puedes permitir porque está en juego tu vida, tu futuro,
Si hoy te cruzas con diez personas asintomáticas con mascarilla, en espacios abiertos, el impacto va a ser menor, que si te cruzas con diez personas, tres con síntomas y siete asintomáticas sin mascarilla en un sitio cerrado o con poca ventilación...
Es como la lotería inversa si lo prefieres, si vas contactando con el virus vas cogiendo números, y cuantos más números lleves más te acercas a ponerte malo o peor.
Por eso ponte la mascarilla, lávate las manos, mantén la distancia, aunque sean tus padres o tus hijos, mantén la distancia y reduce el número de impactos, hay que minimizar los impactos minimizar la carga vírica que te llega, los subtipos de virus que te llegan, tu sistema puede con él, pero no podrá si el enemigo es poderoso.
Si te atacan pocos soldados, tu ejército podrá con ellos, pero si vienen con tanques, y con armamentos diferentes, con aviones, y en oleadas, entonces estarás perdido, estarás vendido, te tendrán que ayudar mucho...
En oleadas, que se te quede en la cabeza, en oleadas, un ataque, y otro, y otro... y tú no lo sabes, pero te conviertes en una nueva oleada...
Protégete y protégeme, guarda la distancia, ponte la mascarilla y lávate las manos... y mucho ánimo, de corazón.
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